Saturday, November 14, 2009

¡Mi hijo ya sabe leer!

Ese día tan esperado ya llegó. ¡Felicidades, su hijo ya sabe leer!

Todo padre se siente naturalmente orgulloso y ve consolidado un sueño cuando su hijo aprende a leer. Empieza a experimentar cierta nostalgia de aquellos momentos en que su niño le pedía que le leyera antes de dormir. Pero a su vez, está tan feliz, que quizás no deje de comentar a todos sus familiares y amigos que el pequeñín de la casa es ahora "todo un lector".

Es sorprendente ver el entusiasmo de los chiquitines cuando aprenden a leer. Estos niños buscan escoger libros grandes y que tengan muchas páginas, sin importarles que puedan ser más pesados que sus pequeños bracitos.

Una vez llegada a esta etapa, un padre no debe dar por hecho que la labor está cumplida, pues su niño aún no está maduro para poder interpretar el contenido de los libros. Recuerde estar consciente que la lectura es un proceso más complejo y que no sólo se basa en poder decodificar o saber "leer" las palabras en forma fluida.

La lectura es como la alimentación, debe darse todos los días. Hay que digerirla de forma natural y balanceada. Tenemos que procesarla, dejando que cause en nosotros una sensación de llenura y de satisfacción. Cuando leemos, nuestra mente y nuestro espíritu ser nutren.

Cuando los niños crecen, entran en la etapa de decisión, de elección y pasan a ser estudiantes "independientes". Es aquí, en donde los padres tenemos la misión de guiarlos para que puedan madurar como buenos lectores, ayudándolos a desarrollar nuevas técnicas y habilidades con la lectura.

Hay padres que dicen en un tono desanimado que ahora a sus hijos no les gusta leer y que no saben qué hacer para que lean. Recuerdan esos días maravillosos y se preguntan en qué momento se perdió esa magia.

Imagínese que es como cuando el niño aprende a "comer solito", aunque logre la mecánica, eso no es suficiente.

La lectura no debe ser un castigo, es como meterle a fuerza los vegetales a un niño. Quizás los trague, pero no los asimila y no los disfruta como es debido. Si un niño no muestra interés por leer, no podemos pretender que empiece a gustarle de un minuto a otro sólo porque se le ha ordenado. Obligar al niño a leer es sentar un precedente de desagrado y repudio hacia la actividad.

Algunos niños se quedan en la zona confortable y no avanzan como lectores porque sólo leen lo que les gusta (es como vivir de puros chocolates). Si bien existen libros de contenido ligero y de fácil lectura, también tenemos que aprender a exponerlos a "platos fuertes o principales", como libros que contengan temas de investigación, de análisis, de historia, etc. Se sorprenderá al ver como renace la pasión y el interés por leer.

Al igual que los alimentos, la lectura debe ser balanceada, variada e ingerida diariamente. Recuerde que la lectura es un buen hábito que se desarrolla con constancia y motivación.

Muéstrele a su hijo un menú de opciones para que logre ser un buen lector y descubra que leer no sólo es un hábito, sino una necesidad combinada con placer.

Menú para desarrollarse como un buen lector:

  • Exponerse a diversas presentaciones del material escrito (periódicos, revistas educativas, computadora, libros, etc.)
  • Ir a la biblioteca pública y crear su propia cuenta para hacerlo sentir miembro del lugar. Haga de esto un gran evento. ¡Es como tener una tarjeta de crédito al conocimiento!
  • Informarse con la maestra sobre los diversos grupos, los niveles de lectura en el salón y saber a cuál pertenece su hijo.
  • Solicitar información en la escuela o en la biblioteca, sobre los libros más recomendados para la edad de su hijo.
  • Escoger contenidos de diversos temas (informativos, científicos, divertidos, de amor, de suspenso, de aventura, etc.)
  • Disfrutar del acto de leer, buscando un lugar en donde se sienta cómodo, concentrado, relajado y con un aire de privacidad.
  • Crear con sus amigos un grupo de lectura y reunirse para dialogar sobre el libro leído, el autor, etc.
  • Valorar la función que cumple el lenguaje escrito (p. ej. Las indicaciones de un medicamento, las instrucciones para encontrar una dirección, los relatos de hechos históricos, etc.)
  • Reconocer la idea principal y las palabras claves que sirven de nexo a las ideas representadas en el texto.
  • Hacer uso del diccionario para comprender el significado de palabras nuevas.
  • Hacer un resumen con sus propias palabras, para desarrollar dominio de la información.
  • Hacer dibujos secuenciales de los capítulos leídos. Esto le da un toque diferente a la interpretación. ¡Juegue a ser el ilustrador del libro!
  • Hacer de la lectura una herramienta imprescindible para sus estudios y su diversión. Inclúyala en su tiempo del plan de estudio.
  • Llevar una data sobre los libros leídos, el tiempo que le tomó leerlo, sus autores y sus categorías. Esto le ayudará a graficar la tendencia lectora de su hijo.
  • Permitir volver a leer el mismo libro más de una vez. En muchas ocasiones, se consiguen detalles omitidos en la primera lectura.
  • Leer el libro y ver luego la versión del libro en película. Hacer análisis de las diferentes presentaciones del tema.
  • Leer sobre un lugar y luego ir a conocerlo. Verá que en ocasiones sentirá como si ya antes ha estado allí. ¡Leer es viajar!
  • En ocasiones, podemos encontrar el mismo tema, pero de diferente autor. Esta es una buena oportunidad para comparar ambas redacciones. Desarrolle su parte de lector crítico.
  • Leer en familia y/o establecer diálogos sobre algo que se ha leído. La lectura es nuestro día a día.
  • Tener en casa un banco de libro (invite a su hijo a que retire el libro por un valor y al leerlo, éste aumentará su valor y así podrá ir haciendo su propio crédito para poder comprar nuevos libros)
  • Asegúrese que no tenga impedimentos físicos para leer. Visite al oftalmólogo anualmente.

"El buen lector es el que hace el libro bueno" (Ralph W. Emerson)

Wednesday, November 11, 2009

Un buen aterrizaje

Piense en un avión cuando realiza un vuelo. Inicia con el despegue y culmina con el aterrizaje. Este último es la fase final del ciclo y es considerado la etapa crítica. Un buen piloto debe averiguar las condiciones del lugar, en dónde aterrizará y estar preparado para hacer las maniobras necesarias para lograr un descenso controlado y seguro. Este aterrizaje sería considerado exitoso y le daríamos méritos al buen piloto.

Ahora bien. Apliquemos este ejemplo y comparémoslo con el desempeño escolar del niño.

Podríamos entender como motivación, la fuerza interna que empuja al niño a ejecutar una acción. Cuando su hijo empieza un objetivo, como por ejemplo la tarea, arreglar su cuarto, un proyecto, un libro, etc., es importante impulsarlo en el arranque o "despegue". Una vez que se encuentre en el proceso, acompáñelo y no dé por sentado que la labor está hecha; también necesitará ánimo y guía para cerrar el ciclo con un exitoso aterrizaje.

Cuando un niño entiende la importancia de darle un "buen aterrizaje" a sus objetivos, esto le cambia la perspectiva y el orden de las cosas. La idea es ir formándolo para que logre el ciclo de manera independiente, llevándose por su propia motivación y que la mantenga como una constante. Que piense más allá de la necesidad del impulso para el inicio de una actividad, que viaje a través de los conocimientos y que logre cerrar o concretar con éxito.

Un alumno, no debe ver un examen como el "despegue", pues esto lo hará sentir cuesta arriba y necesitará de mucho impulso para lograrlo. Una vez que entienda que el examen es la "pista de aterrizaje" de un objetivo, verá como el nivel de estrés baja y no dejará de estar consciente de la meticulosidad del proceso para obtener un buen descenso. El ya ha "viajado" a través de los contenidos y ha experimentado las clases, ahora sólo le queda aprender a manipular sus controles, aplicarlos cuidadosamente y reconocer las condiciones para llegar al destino final (objetivo).

Durante el vuelo pueden ocurrir diversas situaciones que conlleven a diferentes tipos de aterrizaje. Los planeados, los no-planeados y los de emergencia. De igual forma sucede en nuestras vidas, porque vivimos tan rápido que a veces salimos disparados o eyectados de nuestras actividades y dejamos "cosas en el aire" y sin culminar. Cuidado, no deje que esto se convierta en un mal hábito y en un mal ejemplo para su hijo. Sea usted el modelo a seguir.

Cuando vemos que un alumno cierra su mochila y guarda sus cuadernos porque falta "poco" para que acabe la clase, él está listo para salir y su atención ya no pertenece al maestro. Será entonces un buen candidato para llegar a casa con dudas acerca de la tarea (su aterrizaje fue aparatoso). Enséñele al niño a no menospreciar estos últimos minutos y recuérdele que debe estar atento, porque es aquí en donde la mayoría de los maestros suelen dar la información crucial sobre lo que vendrá el próximo día.

Sembremos en el niño una constancia, un método, una rutina, una técnica que le permita abrir, explorar y alcanzar cada objetivo con éxito. Esto evitará las discusiones y el estrés en casa, acerca de por qué no ha terminado esto o aquello. ¡Recuerde que está formándolo para el mañana!

Algunas sugerencias para crear el hábito de llegar exitosamente al objetivo final:

  • Háblele y hágalo sentir seguro de sus capacidades.
  • Plantee claramente el objetivo, para que así su hijo sepa qué se espera de él. Necesita saber hacia dónde se dirige.
  • Haga una lista con la rutina completa de actividades, mostrándole los pasos a seguir. Necesita saber cómo hacerlo.
  • Motívelo durante el proceso. Acérquese y guíelo si se muestra perdido o desanimado (NO haga usted la tarea).
  • Ayúdelo a identificar cuando el objetivo es muy complejo y a dividirlo en etapas para que lo logre.
  • Ponga reglas claras y realistas. Hágalas cumplir con motivación (p.ej. Tender la cama antes de desayunar o recoger los juguetes antes de salir al jardín).
  • No suponga que con sólo dar la instrucción "ya es un hecho". Hay que desarrollar el hábito.
  • Utilice refuerzos positivos al ver que su hijo cumplió con el objetivo. Póngale calcomanías, dígale palabras de felicitaciones, dele abrazos, acumúlele puntos para premios a largo plazo…
  • Reconozca cuándo su niño obstaculiza la llegada al objetivo debido al cansancio, al desanimo o a la vagabundería. El plan de acción debe ser diferente en cada caso.
  • Conviértase usted en su ejemplo y en su guía.

"El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas" (W.G. Ward)

Monday, November 9, 2009

Cómo estudiar para un examen

Los exámenes son herramientas que se utilizan para cuantificar el conocimiento de un niño sobre un tema visto. A los maestros les motiva tanto como a usted que su hijo obtenga buenas calificaciones. Es importante que el alumno entienda que él es el gran protagonista y que reconozca que de sus acciones también depende directa o indirectamente el que obtenga éxitos o fracasos.

Existen una serie de factores que favorecen y fortalecen al niño en el momento de presentar un examen. Ayude a su hijo a identificarlos y a convertirlos en su rutina diaria para lograr buen resultado en las pruebas escolares que se avecinen.

  1. Estar atento a las clases.
  2. Participar e intervenir frecuentemente en el aula.
  3. Situarse en los primeros puestos del salón de clase.
  4. Plantear sus dudas al momento y anotar las respuestas.
  5. Tomar apuntes en orden e identificando el asunto.
  6. Cumplir a tiempo con las tareas y con los trabajos asignados.
  7. Tener un tiempo dentro del plan de estudio para repasar a diario los temas vistos en la clase.
  8. Tener el hábito y la motivación de ponerse a estudiar. Cumplir con el plan.
  9. Hacer resúmenes, guías y fichas de estudio.
  10. Escribir las respuestas dentro del tiempo estipulado. Saber medir el tiempo.
  11. Estar preparado para exámenes o pruebas imprevistas.
  12. Estudiar sin sacrificar su tiempo de sueño o descanso.
  13. Saber distribuir el material de estudio y hacer el repaso final días antes de la prueba.
  14. Ser organizado con su tiempo y método de estudio.
  15. Repasar a diario las anotaciones y leer el tema que está por venir.
  16. Ser constante y responsable.

Al momento de estudiar enséñele al niño a utilizar técnicas diversas:

  • Leer el tema y sus anotaciones previas de la clase.
  • Buscar información en la biblioteca y en la computadora para contribuir con el estudio del tema.
  • Buscar claves para recordar palabras.
  • Hacer uso del diccionario.
  • Elaborar un resumen utilizando sus propias palabras.
  • Realizar un cuestionario y responderlo en un tiempo estipulado.
  • Pasar de pregunta si ésta le cuesta, luego seguir respondiendo el examen y recordar regresar a la pregunta que omitió.
  • Hacer técnicas de descarte eliminando las opciones absurdas en las preguntas de selección múltiple y escogiendo la respuesta más sensata.
  • Dibujar imágenes que ayuden a recordar conceptos.
  • Hacer gráficos para ejemplificar.
  • Elaborar fichas que contengan conceptos claves.
  • Enfrentarse a un examen oral.
  • Copiar un dictado de conceptos y palabras claves.
  • Elaborar él mismo una prueba piloto que contenga preguntas de selección múltiple y responderla en el tiempo estipulado.
  • Invite a su niño a hacer el papel del "maestro" y sea usted quien responda "el examen". Recuerde que enseñando también se aprende.
  • Elaborar rimas o canciones que ayuden a recordar conceptos. ¡Sea creativo!
  • Practicar técnicas de relajación y respiración para que se encuentre seguro y tranquilo al presentar la prueba.

¡Apóyelo y hágale sentir que ya es un ganador!

Saturday, November 7, 2009

Ir más allá de la tarea

El niño puede entender que la tarea es la asignación que debe ser cumplida en casa y entregada al maestro en la fecha establecida, pero la función del padre debe ser ayudarlo a ir más allá del simple deber.

Con la tarea no sólo se pide que el niño participe activamente sino que pueda enriquecer sus conocimientos confiando en sus propias habilidades.

El padre debe guiar a su hijo para que logre de manera independiente los siguientes pasos:

  1. Llegar a casa con la información escrita (traer la tarea anotada)
  2. Verificar que haya entendido cuál es la tarea asignada (que sepa qué tiene que hacer, cuál es el objetivo)
  3. Tener claro lo que el maestro espera de él (que entienda la relación entre el objetivo y lo que se le va a evaluar)
  4. Identificar qué materiales necesitará y qué conocimientos tiene sobre el tema para ejecutarla (saber con qué cuenta y qué necesitará buscar o investigar)
  5. Identificar la complejidad de la tarea (entender la relación entre los objetivos y el tiempo de ejecución)
  6. Planificar la tarea (hacer el plan de estudio para dividir los objetivos dentro del tiempo disponible)
  7. Ejecutar el objetivo (hacer o ejecutar tarea. No quedarse en la complejidad o en la planificación)
  8. Evaluar el producto (aprender a autoevaluarse para saber si cumplió con el objetivo)


Ahora imagínese este caso, suponga que su hijo está en esta clase:

La maestra Anita anota en la pizarra del salón: "Traer una manzana para el lunes".

Veamos que pasó el lunes cuando la maestra Anita entró al aula y pidió a todos los niños "la manzana".

¿Cuál sería la situación de su hijo?

  1. No la trajo porque faltó ese día a la escuela y no llamó a un amigo para preguntar la tarea.
  2. No la trajo. ¡Sorpresa! No escuchó, no leyó y nunca se enteró de la tarea.
  3. Trajo uvas. Sólo recordaba que la maestra había escrito "fruta", pero no tenía anotada cuál era y trató de acertar el objetivo.
  4. Trajo una manzana podrida (salía de esa tarea y total… manzana es manzana).
  5. Trajo una manzana que usted le dio la mañana del lunes antes de llegar a la escuela (¡Casi lo olvidas mamá!)
  6. ¡Bien! Trajo la manzana que él solito había buscado y puesto rápidamente en su mochila (cumplió con la tarea, pero no sabía para qué la había llevado).
  7. ¡Excelente! Trajo la manzana que él solito había buscado (con la diferencia que estaba contento y motivado por empezar la clase)

¿En qué radica la diferencia entre la situación número 6 y la número 7?

En que en esta última, cuando la maestra Anita escribió el viernes la tarea en la pizarra, él estaba atento cuando ella explicó que el lunes iban a cortar la manzana en pedazos iguales para aprender sobre "fracciones". Estaba motivado por aprender algo nuevo. Al llegar a casa hablaron sobre la tarea y le contó lo que la maestra Anita les había dicho. Su hijo vio las manzanas, aprendió como se llamaban los diversos tipos de manzanas, comparó los precios, los tamaños, las tocó, las olió y finalmente hizo una selección entre todas las manzanas y escogió la mejor manzana que había ante sus ojos. Durante el fin de semana, investigó, leyó el capítulo de matemática, escribió notas sobre conceptos básicos de fracciones y conversaron sobre esto mientras cenaban pizza y la dividían entre los miembros de la familia.

¿Quién cree usted que sacó provecho de la tarea?

Friday, November 6, 2009

Conferencias con el maestro de su niño


Me gustaría tratar este tema observando las dos caras de la moneda. Como psicopedagoga y como madre siempre he pensado que los padres deberíamos mirar la profesión del maestro así como miramos al médico. En ambas posiciones, tenemos que pensar en el niño como paciente y no como cliente.

Una persona responsable y comprometida consigo misma, visitará regularmente a su médico para los chequeos de rutina y así evitar hacer carreras de emergencia al hospital. Tendrá el derecho de saber si padece de alguna condición y que le expliquen claramente cómo tratarla. En caso de enfermedad, deberá estar alerta a cualquier síntoma y no dudar en llamar al médico si se complica. Confía en su doctor y sabe que él evaluará su caso, lo examinará, le enviará reportes, recetas, etc. El médico también confía en que su paciente será consciente, colaborará y hará lo que él le indica. Son un equipo y ambos buscan un fin común: la salud.

De esta misma manera, usted ha puesto a su hijo en manos del maestro para ser cuidado, tratado, mejorado y para ofrecerle una vida escolar saludable. Entre los padres y el profesor tiene que existir la comunicación para poder beneficiar al alumno.

Antes de la reunión

  • Envíele al maestro sus datos, su teléfono y el modo de ser contactado. Especifique con antelación si usted necesitará de un intérprete para sus reuniones.
  • Esté atento a las fechas cercanas a los reportes escolares y solicite a tiempo la cita. Preferiblemente no espere a recibir el boletín de notas para hacerlo.
  • El encuentro con el maestro debe darse dos veces al año para confirmar que todo marcha bien. No suponga las cosas, aunque vea excelentes calificaciones y el niño le diga que todo va "perfecto". Vaya y hable en la escuela, pues acuérdese que nadie visita a su médico a través de notas escritas.
  • Sea observador, reconozca los "síntomas escolares" de su hijo y no dude en llamar a la escuela en caso de requerir una reunión.
  • Si nota que algo no va bien, no amenace a su hijo con ir a hablar con su maestra. Esto no es un castigo. ¿Acaso usted amenaza a su hijo con llevarlo al doctor cuando se siente mal?
  • Llame a la escuela o envíe una nota para solicitar la reunión. Asegúrese que el mensaje haya sido recibido.
  • Anote la fecha y la hora en su agenda personal y no falte a la cita. Llegue con tiempo.
  • Sepa de antemano cuánto durará la reunión con el maestro. Trate de ser consciente del tiempo asignado y no sobrecargue la agenda. Recuerde que no es un monólogo y tome en cuenta que estas reuniones tienen un tiempo asignado.
  • Evite ir sin niños pequeños para que pueda conversar con tranquilidad.
  • Pregúntele al maestro si prefiere que el alumno esté presente.
  • Cuéntele a su hijo que va a reunirse y pregúntele los puntos que le gustaría que usted conversara con su maestro.
  • Infórmese y esté claro de cuáles son los derechos y los deberes que tiene su hijo en la escuela. Conozca los códigos y las leyes si su caso lo amerita.
  • Lleve anotado en una libreta sus inquietudes, dudas y demás tópicos a tratar.
  • Lleve el plan de estudio de su hijo porque el maestro le puede dar sugerencias y aportar ideas al mismo.
  • Lleve una carpeta de registro de reuniones, para que así los mismos queden archivados y pueda llevarlos en la próxima reunión para hacerle seguimiento al niño.
  • Vaya con la actitud de hacer de esta reunión, una experiencia positiva.
Durante la reunión
  • Llegue con buena cara. Haga un comentario agradable con el fin de romper el hielo y empezar el ambiente lleno de armonía.
  • Evite decir todas sus dudas sin darle respiro al maestro.
  • Deje que el maestro sea el primero en impartir sus opiniones.
  • Si escucha un término o expresión que desconoce, pídale cordialmente que le explique.
  • Recuerde intervenir de forma coherente y plantee sus puntos dándole prioridad a los más importantes.
  • Pídale amablemente al maestro, si puede ver trabajos o exámenes recientes de su hijo. Compárelos con las tareas que hace en casa.
  • Haga preguntas de índole académica y no olvide hablar del aspecto socio-emocional de su hijo, como por ejemplo:
    ¿Cómo ve la integración de mi hijo durante el receso?
    ¿Se muestra atento en el aula?
    ¿Qué objetivos espera cubrir en este período escolar?
    ¿Qué materia escolar observa que le motiva más a mi hijo?
    ¿A qué hora del día lo nota más activo o más decaído?
    ¿Cómo distribuye su tiempo en clase?
    ¿Qué aspecto en mi niño le causa agrado a usted?
  • Sea confidente con el maestro y comparta algún hecho familiar que pueda estar afectando al niño.
  • Si el maestro le confirma que "algo" está pasando y que su hijo debe esforzarse más en los estudios, sea objetivo y escuche. No escude al niño con excusas ni caiga en ataques hacia el maestro. Más bien dialogue, pídale que le explique en forma clara lo que sucede, pídale sugerencias y recomendaciones a seguir en casa. Exprésele sus opiniones sin temor alguno para que la meta propuesta quede claramente establecida para ambas partes.
  • Terminada la cita, pídale que le asigne la próxima cita para hacerle seguimiento al caso.
  • Busque grupos de apoyo y hable con otros padres que pueden estar o han pasado su misma situación.
  • Cuide la "salud escolar" de su hijo y ofrézcale la asistencia necesaria con buena actitud. Pregúntele al maestro si sabe quién puede ofrecerle servicios de tutoría.
  • Si en el encuentro verifica que todo marcha viento en popa, aproveche la reunión para darle el reconocimiento y el mérito que le corresponde al maestro.
Después de la reunión
  • Cuando regrese a casa, hable con su hijo.
  • Póngalo al tanto del resultado de la reunión.
  • Escuche su planteamiento.
  • Enfréntelo con buena actitud.
  • Promueva el cambio y explíquele el plan de acción.
  • Hágalo responsable y consciente de su vida escolar.
¡A su salud!

Wednesday, November 4, 2009

Cómo comprometerse con la escuela de su hijo

He tenido la dicha de ser voluntaria en las escuelas por diez años seguidos y me gusta conversar del tema con mis amistades. De allí entonces brotó en mí un sentimiento de responsabilidad al saber que iba a dejar plasmado por escrito esta experiencia y recordé cuando alguien me cuestionó en una conversación diciéndome: "¿Por qué tengo yo que estar involucrado en la escuela de mi hija, si mis padres nunca lo estuvieron y de igual manera tuve éxito escolar?"

Para ser honesta, esta pregunta me hizo dudar, porque yo había experimentado el caso opuesto. Yo recordaba la presencia de mi madre cuando estaba en la etapa escolar, sus reuniones con mis maestros, sus charlas como presidenta de la junta de representantes, cuando ella ayudaba a promover eventos y votaba para aprobar cambios en la escuela.

Entonces me pregunté: ¿Quién está en lo correcto?

En la búsqueda de esta respuesta, no quería quedarme sólo con la explicación de que quizás parte de las posiciones que tomamos en la vida, sean los mensajes que hemos recibido desde el seno familiar. Así que busque qué quería decir estar "involucrado".

Si busca en un diccionario de la lengua española, encontrará que "involucrar" es:

  1. Abarcar, incluir.
  2. Insertar en un discurso o escrito cuestiones ajenas al asunto principal.
  3. Complicar a alguien en un asunto, generalmente delicado comprometiéndolo en él.
    *"Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe"

No salía de mi asombro porque… ¿A quién le gustaría verse "involucrado" en cuestiones ajenas al asunto principal? A nadie le agradaría que lo "complicaran" en una cosa que lo comprometa porque ya tenemos suficiente con que vivimos en un mundo muy atareado, lleno de responsabilidades y sentimos que tenemos el tiempo contado.

Quizás sólo haya notado con cierto estrés las palabras "involucrado" y "complicaran". Vaya al párrafo anterior y vuelva a leer. No deje pasar por alto la palabra clave: ¡COMPROMETA!

No todos los padres están dispuestos a comprometerse y siento que es allí a donde debemos llegar, a un compromiso con la escuela de nuestros hijos.

Comprometerse es establecer un convenio o acuerdo con alguien de manera formal y con responsabilidad. Es estar decidido y sentirse obligado ante sí mismo a ser responsables y consecuentes con lo que piensa. Pero también puede ser, poner algo o a alguien en una situación difícil.

Comprometerse es tener que ver en ciertas cosas. Es afectar, implicar, influir.

Empiece ahora y haga usted el cambio. ¡COMPROMETASE de forma positiva con la escuela de su hijo!

Cómo se puede comprometer

  • Sepa lo que su hijo está estudiando.
  • Involucre a su familia en las actividades comunitarias que amplíen el aprendizaje escolar.
  • Informe a la escuela de las necesidades de su hijo y los cambios en las circunstancias familiares.
  • Establezca un sistema de comunicación con el maestro de su hijo y utilícelo con frecuencia.
  • Verifique la tarea de su hijo, asistencia y progreso académico a menudo.
  • Responda a todos los mensajes de la escuela.
  • Asista a las reuniones escolares, eventos y conferencias de padres-maestros.
  • Trabaje con los maestros para encontrar materiales educativos y financiamiento de programas de enriquecimiento para los estudiantes.
  • Si no puede ser voluntario en la escuela durante las horas de clase, pregunte en la escuela de qué manera puede ayudar en casa o los fines de semana.
  • Si tiene tiempo, ayude al maestro en el salón de clases.
  • Anime a la escuela para proporcionar a todas las familias con información sobre servicios y recursos comunitarios.
  • Si su escuela es diversa, averigüe qué organizaciones de la comunidad sirven a diversos grupos culturales y ayude a la escuela a conectarse con ellos para prestar servicios a las familias.
  • Organice experiencias educativas y culturales para su niño. Comparta estas oportunidades con otras familias y la escuela de su hijo.
  • Ayude a la escuela a reclutar y preparar voluntarios de la comunidad y mentores de diversos grupos.
  • Aprenda cómo funciona el sistema escolar y cómo abogar por todos los niños.
  • Sea parte de los comités de toma de decisiones en la escuela, organice un padre de grupos en su escuela o esté activo en la organización de padres de la escuela.
  • Sea un partidario público de la educación. Infórmese sobre el estado y leyes locales de educación.

Pensando en aquella conversación… concluí que si mi amigo volviera a hacerme esa pregunta, solo le pediría que si puede recordar alguna de estas imágenes de cuando estaba cursando en la escuela o si ha vuelto por allí después de varios años. Por nombrarle algunas…

  • Remodelación de la sede o la ampliación del campo deportivo.
  • Los paseos escolares.
  • Las charlas y eventos para los estudiantes.
  • Las nuevas computadoras que llegaron un día al aula.
  • El menú de la cafetería escolar.
  • Las fiestas de fin de curso con sus maestros.
  • La ceremonia de graduación.

Al final, le diría que quizás sus padres no estuvieron presentes en la escuela, pero que puede estar seguro que gracias a otros padres comprometidos, él tuvo el apoyo necesario para estudiar en una institución escolar sólida.

Tuesday, November 3, 2009

La autoestima y el aprendizaje

La autoestima es una herramienta que juega un papel primordial en el proceso de desarrollo de cualquier persona. Como la palabra lo indica, la autoestima es cuánto me estimo a mí mismo, es el concepto y la evaluación que tengo sobre mí.

Se requiere de autoestima para aprender. Se ha comprobado que cuando un niño se siente bien consigo mismo, estará más motivado para trabajar en su propio beneficio.

Como padres, estamos en la labor de ayudar a nuestros hijos a fortalecer su autoestima y brindarles un ambiente optimista, lleno de anhelos, tranquilo, interesado y activo ante los estudios y ante la vida en general. Los niños construyen gran parte de su autodefinición a partir de la cultura familiar. ¡Recuerde que estamos educando en positivo!

La autoestima es invisible pero se materializa a través de la manifestación de acciones y expresiones personales. Se consigue cuando niño interactúa con el entorno y demanda un trato equitativo.

El psicólogo norteamericano Williams James expresó muy sabiamente una especie de fórmula matemática en donde decía que "la autoestima es igual a la relación entre logro y la aspiración".

Cuando un niño se estima poco así mismo y enfrenta un bajo desempeño escolar, tiende a "autocastigarse" con conceptos de pobre valor hacia su persona: "yo no sirvo…todos mis compañeros pueden más…no soy inteligente…no vale la pena estudiar…"

La autoestima no es innata. Fluctúa a medida que crecemos y experimentamos diversas etapas de nuestras vidas.

Apoye a su hijo en su proceso de búsqueda, para que cuando esté en la escuela sea capaz de expresarse, de explicarse, de preguntar y de confrontar de la mejor manera al maestro. Esto le facilitará el proceso de aprendizaje ya que en el caso de un niño que simplemente se calla por no sentirse seguro, puede sacrificar estas oportunidades y llegar a casa con muchas dudas sobre los temas impartidos.

El niño se siente bien cuando logra reconocimientos en la escuela y en la casa. Eso le realza la autoestima, aunque recuerde que la autoestima no lo es todo. También es importante la autoestima de cada uno de los integrantes del hogar, para obtener una familia que logre manejar con éxito la aceptación, las emociones, el pensamiento, las expectativas y el estrés.

Hágale ser responsable de sus errores sin emitir juicios descalificativos; sepa que su hijo tendrá derecho a etapas de ensayo y error. La aprobación o desaprobación que usted genere es de gran importancia para él. Trate de ser menos impulsivo con mensajes negativos y emita críticas constructivas. Explíquele en dónde está el error, dele una alternativa positiva, muéstrele como se hace, dé una respuesta gratificante y un mensaje positivo. ¡Dígale que usted está seguro que él lo logrará y que sólo es cuestión de práctica! Establezca consecuencias, forme el hábito con gentileza, sea firme y cariñoso.

Enseñe a su hijo a manejar su propia autoestima, a no aceptar que los juicios de otros ni las calificaciones escolares, definan la apreciación que él tiene de sí mismo.

No compare a su hijo con el desempeño escolar de otro compañerito o de algún miembro del hogar. ¡Somos seres individuales! Quizás a usted le sea fácil las matemáticas pero a su niño le cueste un poco más. No sea perfeccionista.

Dígale elogios cuando se está esforzando por aprender algo o por adquirir una nueva destreza. Muéstrese interesado y deje que su hijo también le enseñe cosas a usted. ¡Los padres también aprendemos!

Cuando un niño tiene su autoestima en positivo:

  • Mantendrá la actitud de "yo puedo hacerlo".
  • Asumirá la responsabilidad de elegir y aprender (yo quiero hacerlo)
  • Será perseverante y practicará hasta llegar a dominar el objetivo (yo pude hacerlo)

¡A querernos!